Apagar no apaga Windows. Reiniciar sí.
Lo apagó y lo volvió a encender y el problema sigue ahí. Hay un motivo, y lleva dentro de Windows desde Windows 8.
La función se llama inicio rápido y viene activada de serie. La propia documentación de Microsoft para desarrolladores de controladores explica lo que ocurre: cuando elige Apagar, Windows cierra sus programas y cierra la sesión de todos como siempre, y después guarda la imagen de memoria del núcleo, incluidos los controladores en modo núcleo cargados, en el archivo Hiberfil.sys antes de cortar la corriente. Vuelve a encender el equipo y no construye un Windows nuevo. Carga ese archivo otra vez en memoria. Mucho más rápido, y el motivo de que un PC moderno llegue a la pantalla de inicio de sesión en segundos.
La pega se deduce sola. Un controlador que se ha quedado atascado, un servicio que se cayó sin avisar, una fuga de memoria que va comiéndose la RAM: nada de eso se limpia al apagar, porque la sesión en la que vive nunca se cerró. Se conserva y se restaura junto con todo lo demás. El reinicio funciona de otra manera. Termina de verdad la sesión del núcleo y arranca en frío, y por eso el servicio técnico le pide que reinicie en vez de que apague.
Así que cuando algo se porte mal, use Reiniciar desde el menú Inicio en lugar de Apagar seguido del botón de encendido. Si quiere un apagado completo de verdad, escriba shutdown /s /t 0 en el cuadro de búsqueda y pulse Intro; eso se salta el inicio rápido. Microsoft no recomienda desactivar la función de forma permanente, y nosotros tampoco, porque la ganancia de velocidad es real. También es la razón de que varios asistentes de reparación de Tendvane terminen pidiéndole que reinicie en vez de cantar victoria ahí mismo.